Vicente Montesinos

 

Viganó
Monseñor Viganò y el “Super Papa”

 

Hay quien hoy se ha apresurado a “felicitar” al Santo Padre por “admitir la renuncia de Viganò”, celebrando con optimismo desmedido este hecho.

Los mismos que estos días han quemado en la hoguera a este hombre que, con sus evidentes fallos, no es más que un pequeño engranaje en un sistema donde el problema, evidentemente, va mucho más allá que él. Pero bueno, como no es el Papa, se puede descargar sobre él todo tipo de improperios. Que eso no es faltar a la caridad.

Nada que celebrar. No hay nada que celebrar.

Lo de aceptar la renuncia es un formalismo forzado por un escándalo sin precedentes en la manipulación de las palabras de un Papa para tapar las vergüenzas de otro; que además se realiza dándole otro cargo (al más puro estilo político mundano de “puerta giratoria”), y además, con un descaro inverosímil, elogiando “su gran esfuerzo” (evidentemente, si el esfuerzo era el de intentar conseguir, aunque fuera inventándosela, la bendición benedictina para este caótico pontificado, el elogio es entendible)

Así, monseñor Darío Edoardo Viganò, que esta mañana ha presentado su dimisión como Prefecto de la Secretaría de la Comunicación de Vaticano, seguirá como asesor de comunicación dentro de ese organismo. Además, Francisco ha manifestado que acoge la decisión de Viganò, “no con pocas dificultades”.
Si han leído estas breves líneas sobre este asunto en el que poco más hay que contar, convendrán conmigo en que nada hay que celebrar.

Pareciera que hay quien está esperando cualquier cosa “medianamente normal” que provenga de Francisco, ante la ausencia de noticias positivas, para sacar la artillería de elogios. En este caso además, como ven, su ansia les lleva a equivocarse, porque la noticia de buena, vista en su totalidad y contexto, no tiene nada.

Cualquier día Francisco dirá que Jesucristo es el Hijo de Dios, y saldrá el glorioso coro de los aduladores a celebrarlo.

¡El Señor nos ampare!

 

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