“Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte”




Nuestra misión: ser sal, ser luz. La sal que da el gusto a la vida. La antorcha que ilumina en los momentos de tinieblas y lleva la verdad a todos los rincones del mundo. Uno de los pasajes que mejor expresa cual ha de ser nuestra tarea en medio de la sociedad.


Así lo entendió el gran San Antonio de Padua, cuya memoria celebramos hoy, que se dedicó de forma incansable a predicar por Italia y Francia, donde atrajo a muchos a la verdadera fe.

Que como él, seamos luz y seamos sal. Que Dios nos asista en dicha tarea.

Vicente Montesinos

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