Perla del evangelio: Miércoles santo. Os aseguro que uno de vosotros me entregará.


Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará». Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?». Él respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!». Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?». Dícele: «Sí, tú lo has dicho».


Este miércoles santo, víspera del triduo sacro, el evangelio nos ofrece tantas cosas para meditar, que sólo alcanzamos a dar unas breves pinceladas; para que cada uno pueda meditarlas en oración

La primera de ellas es que cuando nuestra relación con Dios se hace tibia y débil, cualquier cosa que nos ofrecen fuera del Señor puede ser aceptada y puede “sustituirlo”.

La segunda nos hablaría de cómo debe de doler al Señor el alejamiento de cada uno de sus hijos. Al igual que Dios hizo con Adán, Jesús intentó hasta el último momento que su hijo Judas no se alejara. Pero la opción libre del hombre traicionando a Dios, fue respetada. Por otro lado, nada escapa a la sabiduría y conocimiento  del Señor. Adán, de nuevo, lo intentó. Y Judas. Pero sin éxito. 

Hoy la iglesia nos recuerda este acontecimiento para que nos hagamos cargo de que todos podemos ser Judas. De que todos estamos en peligro de caer en traiciones, en rechazos a Dios, y en definitiva, en el pecado.

Y para que seamos conscientes de que no ha de cundir el desánimo en nosotros. De que los tribunales humanos condenan, pero el tribunal Divino perdona si el arrepentimiento y el amor a Dios se colocan en primer lugar. Como decía San Josemaria, se trata de “comenzar y recomenzar”.

En su primera encíclica, Juan Pablo II habla del derecho de Cristo a encontrarse con cada uno de nosotros en el momentode la conversión y del perdón (Redemptor hominis, 20) 

¡Pidamos a la santísima virgen María que no privemos a Cristo de ese derecho, y que vivamos con el corazón abierto y entregado esta Semana Santa que llega a su momento culmen!
                                    VICENTE MONTESINOS

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Categorías:BLOG, Perla del Evangelio de hoy

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